Quejarse es de persona triste

Ayer fui a una conferencia de Beatriz de la Iglesia. Para los que no sepáis quien es (yo hasta ayer no lo sabía) es una persona increíble, abierta y transparente que ha fracasado mucho en la vida, pero de cada fracaso ha sacado lo bueno y ha seguido adelante para ser lo único que ella quiere ser en la vida, FELIZ.

Ayer fui a la conferencia y todavía no he podido dejar de darle vueltas a las mil y una enseñanzas que saqué de allí. Estoy segura que éste va a ser sólo el primero de varios posts inspirados por todo lo que ayer nos contó Bea.

Como ya he dicho ella busca la felicidad, y por lo tanto no puede soportar la queja y entonces nos dijo “quejarse es de persona triste” y me hizo pensar.
Todos tenemos mil razones para quejarnos, y nos quejamos…

Nos quejamos de la crisis, nos quejamos del paro, de los políticos y de la situación actual. Nos quejamos de los impuestos y de las nuevas leyes. Nos quejamos de nuestros jefes, los horarios de salida del trabajo y de estar explotados. Nos quejamos cuando tenemos que estudiar y sino nos quejamos cuando tenemos que trabajar.

Nos quejamos de lo pesadas que son nuestras madres y lo estrictos que son nuestros padres. Nos quejamos porque nuestro hermano pequeño es un mimado y el mayor se cree que tiene poder sobre mí. Nos quejamos de las proyecciones que tiene nuestra familia sobre nosotros. Nos quejamos porque son demasiado protectores.

Captura de pantalla 2014-09-28 a la(s) 13.40.20Nos quejamos porque no hemos podido ir a una fiesta o no conocemos un país en concreto. Nos quejamos porque hay gente de vacaciones y nosotros aún no. Nos quejamos por no estar en la playa. Nos quejamos por no poder viajar más.

Nos quejamos porque nos sobran unos kilos o porque nos faltan unos centímetros de altura. Nos quejamos porque no estamos en forma o porque no somos habilidosos para los deportes. Nos quejamos porque no se nos dan bien los idiomas o no somos artistas.

Nos quejamos por lo que sea, pero nos quejamos…

Y en la mayoría de nuestras quejas echamos la culpa a otros, mirando para afuera y pensando solo en lo malo. Y mientras más nos quejamos más nos enfadamos y más tristes estamos y es que como Bea nos dijo quejarse es de persona triste. Las personas felices agradecen, ser agradecido te hace feliz.

Captura de pantalla 2014-09-28 a la(s) 13.43.03Y me doy cuenta que nos quejamos mucho más que agradecemos pero que tenemos muchas más razones por las que dar gracias que por las que quejarnos. Y si pensamos en todas esas cosas buenas que tenemos seremos mucho más felices.

Así que yo quiero empezar aquí a dar gracias…

Gracias por la maravillosa familia que tengo, que me ha enseñado casi todo lo que sé y me ha llevado a ser la persona que hoy soy. Gracias por mi madre, tan dedicada a sus hijos que siempre ha estado ahí cuando hemos necesitado. Gracias a mi padre que ha trabajado toda su vida para poder darnos lo mejor. Gracias a mis hermanos, porque son parte de mí.

Gracias por las increíbles amigas que tengo, porque de todas ellas saco cosas buenas y con ellas he pasado los mejores ratos de mi vida. Gracias porque aunque no tengo hermanas biológicas ellas han sido como hermanas para mí.

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Gracias por todas las oportunidades que he tenido. Por haber podido ir a un colegio en el que educarme. Por haber podido aprender idiomas y tener experiencias en el extranjero. Gracias por haber podido ir a la universidad y estudiar la carrera que yo elegí. Y gracias por tener un trabajo.

Gracias por tener una casa donde dormir y un plato de comida caliente que comer todos los días. Gracias por todas las oportunidades que tengo. Gracias porque puedo salir a la calle sin tener miedo de que me pase algo. Gracias porque puedo salir por las noches a pasármelo bien. Gracias por todas las fiestas que he tenido y gracias gracias gracias porque tengo la increíble suerte de poder viajar por el mundo y conocer distintos países que es mi pasión.

Captura de pantalla 2014-09-28 a la(s) 13.47.29Gracias porque estoy sana. Gracias porque puedo ser quién soy. Gracias porque tengo la suerte de ser independiente y no estar sometida a nada ni nadie. Gracias porque puedo buscar mi felicidad y gracias porque la he encontrado.

Gracias porque tengo proyectos en mi vida por los que luchar y por los que tener ilusión. Gracias por el blog y por todos los buenos momentos que éste nos ha dado. Gracias por poder disfrutar de tantas cosas que me gustan: la naturaleza, los animales, el teatro y la comida…

Gracias por la charla que ayer escuché de Beatriz que me ha hecho pensar y que escribiendo todas estas cosas me doy cuenta de lo afortunada que soy y empiezo feliz un nuevo día, dispuesta a serlo el resto de mi vida.

Así que recordad, cuando vayáis a quejaros de algo pensar en todas las cosas que tenéis y dad gracias por ellas. Así seremos personas felices y no tristes.

Gracias a todos.

-A.

De tus manos

“No leemos y escribimos porque sea tierno, escribimos y leemos poesía porque somos miembros de la humanidad, y la humanidad rebosa pasión, la medicina, leyes, administración, ingenierías son muy nobles y necesarias para sostener la vida, pero la poesía, belleza, romance, amor es por eso que vivimos.”

- El club de los poetas muertos

La verdad que nunca entendí a los que se deshacían por un brillo especial de ojos, por unos labios anónimos o por la dulzura de ciertos tonos de voz. Nunca comprendí a los que se enamoraban a primera vista de una melena descontrolada, de algunos andares callejeros o de sonrisas torcidas. No vi del todo como alguien se podía enamorar de tan solo un aspecto físico de otra persona y además de manera instantánea. Tenía una amiga que analizaba las espaldas y hombros de los chicos como si se tratase de una cuestión matemática que requería el mayor rigor científico. Las tenía más estudiadas que el teorema de Pitágoras y había creado hasta clasificaciones después de unos análisis pormenorizados sin fallo alguno. Un primo mío también me contó que se había enamorado de una chica por su nariz. Que tenía la nariz más perfecta que había visto en sus escasos años de vida, me repetía. A mí me parecía como de ciencia ficción.

Todos tenían algún tipo u otro de fijación, una característica concreta que, en caso de encontrarla en su estado de perfección, eran capaces de olvidarse hasta de su propio nombre y en qué planeta estaban, si hacía falta. Y yo seguía sin comprenderlo.

Luego llegaste tú y fue cuando realmente entendí a lo que se referían. Y es que en mi caso me enamoré de tus manos.

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Porque fueron tus manos las que tocaron mis hombros durante una milésima de segundo al saludarnos la primera vez que quedamos y que, a pesar de la brevedad del instante y por el frío llevar puestas siete capas, noté las trazas de tu tacto como si hubiesen sido lentas y claras sobre mi piel. Fue la primera vez que me tocaste y eso es algo que jamás olvidaré. Creo que si realmente me fijo, veré que siguen las marcas de tus dedos ahí, tatuadas, permanentes.

Fue tu mano derecha la que agarró la mía izquierda desafiante esa noche bajo las farolas escondidos entre la niebla. Encajaba perfectamente con la mía y dibujabas círculos lentos con el pulgar. Sentí más vivo que nunca el dorso de mi mano, cada vena, cada pulsación, cada pelo que se ponía de punta, como si fuese fuego y a mí no me importase arder para siempre.

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Fueron tus manos las que me agarraron la cabeza y se mezclaron hasta derretirse con mi pelo la primera vez que nos tuvimos cerca, reduciendo el poco espacio que ya había de por sí a escasos milímetros. Y digo milímetros porque no conozco medida más pequeña. Aquella vez que sentí que iba a explotar por dentro y que mi cabeza se mareaba de la felicidad. Aquella vez.

Y es que fue tu mano la que se quedó inmóvil, encima de mi tripa cuando nos quedamos dormidos en el sofá después de ver “La vida es bella” por décima vez y engullir helado hasta que nos doliese la garganta. Recuerdo pensar que quería que tú me dedicases un “buenos días” al más puro estilo Benigni todas las mañanas para el resto de mi vida, gritándolo a voz en cuello con tu sonrisa. Me gusta verte sonreír.

Fueron esos dedos tuyos los que jugaron con mi pelo el día que decidimos perdernos por un parque de Madrid. Yo no quería que parases. Habría andado para siempre por ese césped si supiese que a cambio jamás dejarías de enredarme. Te admitiré que fue en este preciso momento cuando de verdad supe que estaba enganchada y que no había vuelta atrás.

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Tus manos fueron las que, con un gesto de despreocupación, me enseñaron que a veces en la vida es necesario lo supérfluo. Que sino la carga se hace demasiado grande. Que hay momentos en los que hay que reír a carcajada limpia aunque toque llorar. Que hay que hacer un poco más el tonto y un poco menos el serio.

Fueron ellas las que me abrazaron cuando más asustada estaba al ver que empezaba una nueva etapa muy grande en mi vida, y que me sentía perdida y muerta de miedo. Tenía esa sensación de no saber ni por donde empezar y tú me diste la dósis de paz que necesitaba. Tu mano me señaló el camino adecuado y la verdad es que diste en el blanco de la diana.
Y ahí comprendí por fin a todos los demás.

Que tus manos fueron siempre lo único que importaron porque son las que me ofrecen un mundo nuevo que sólo quiero conocer contigo.

- Z

Lista de Septiembre

Ha llegado septiembre, y después de un verano de no parar, de ir de acá para allá, de salir hasta que el cuerpo aguante, y ver amanecer mientras receno patatas con queso más veces de las que debería vuelvo a Madrid.

Y es que Septiembre para mí es el comienzo de un año, es otro 1 de enero. Vuelvo a la rutina, que tengo que reconocer que echaba de menos, y vuelvo con nuevos propósitos y nuevas ilusiones. Con inquietudes, y con ganas, muchas ganas de descubrir cosas nuevas así que aquí os dejo mi lista de este mes, que a diferencia de las demás, es una lista con más cosas que quiero conocer o hacer que que ya conozca y os recomiende por experiencia personal.

Me han hablado últimamente del Mercado de San Ildefonso, que abrieron poco antes de verano en el barrio de Malasaña. Allí donde quiero ir a comer y probar las exquisiteces que nos ofrecen los distintos puestos de comida. Me han hablado especialmente bien del puesto de quesos y de la terraza de la tercera planta. Espero poder ir antes de que empiece el frio y disfrutarla yo también.

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Otro sitio donde os recomiendo ir, es a la terraza de Le Cabrera en la casa de las Américas (Plaza de Cibeles 2). Es el primer sitio que he conocido de las recomendaciones que tenía apuntadas para este nuevo año en Madrid, ¡y me ha encantado!. En esta terraza te puedes olvidar del ajetreo de la ciudad y disfrutar por un rato de la tranquilidad que te ofrece en un ambiente perfecto. El cóctel Andrea es totalmente recomendable.

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El Mercado de las Ranas es un mercado de diseño que abre el primer sábado de cada mes en el barrio de las letras, y aunque ya llego tarde para que vayáis en Septiembre os animo a que lo conozcáis en los próximos meses, como intentaré hacer yo porque según me han dicho merece la pena pasarse por allí.

Con respecto al cine, también tengo alguna pelicula de la que me han hablado bien y estoy deseando ir, Begin Again, de mi adorada Keira Knightley. Aunque eso sí, sólo se la recomiendo a quién le guste la música.También os recomiendo que vayáis a ver El Niño, la nueva película española del director de Celda 211 que me ha cautivado. Está basada en hechos reales y cuenta la historia de una red de narcotraficantes en Tarifa.

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Antes de que llegue el frío, os animo a que vayais a Giangrossi, a probar los que son para mí los mejores helados de Madrid. El helado de dulce de leche artesanal es increíble.

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Para este año también me he marcado un reto, ponerme en forma, y para ello quiero empezar a correr y seguir el movimiento de running que está ahora tan de moda. Me marco como reto correr una carrera de 10km y en 2015 poder participar en la carrera de la mujer.

Para conseguir mi nuevo reto deportivo me gustaría comprarme unas buenas zapatillas de correr, y Z, una experta ya en esto de running me ha recomendado encarecidamente que me compre unas asics, porque te miden la pisada y te dan las que mejor se ajustan a ella.

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Y vosotros, ¿qué me recomendáis para esta nueva temporada?

-A.

 

La verdad sobre la verdad

“La verdad es raramente pura y jamás algo simple.”
― O. Wilde

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Dicen que era demasiado complicada, de las que se escapan y no se las vuelve a ver. También dicen que era manipuladora y fría, pero no saben que había noches en las que hubiese matado por un abrazo suyo.

Dicen que se quedó un poco perdida, que no supo bien cómo reaccionar ante tal situación y por eso se fue por la puerta trasera cuando las cosas se torcieron. Pero no saben que en realidad luchó y de la forma más dura que existe: en silencio. Que aguantó el tipo durante más tiempo del que muchos podrían presumir.

Dicen que se lavó las manos del asunto y dijo nunca más pero no saben que se vio obligada a hacerlo porque tuvo que elegir entre la integridad de su salud mental y la lealtad anteriormente profesada. No saben que en realidad no se lavó las manos, sino que puso todo su empeño tirándose de cabeza y dando hasta el cuello al final.

Dicen que ella despertó algo en él, y lo transformó y reinventó convirtiéndolo en la mejor versión de sí mismo, para luego aplastarlo cruelmente. Pero no saben que en realidad le regaló un trocito de su alma, de su tiempo y de su fe, y que eso ya ni se devuelve ni caduca. Es un regalo para toda la vida del cual no se admiten devoluciones.

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Dicen ella chupaba toda la energía que había en su entorno, que la consumía en un pestañeo, lo que dura un suspiro, pero no saben que necesitaba esa energía para vivir porque poco a poco se iba desgastando por el camino.

Dicen que no se mantuvo en pie, que no fue firme y dejó que las promesas de antaño se derritiesen y diluyesen, pero no saben que fueron precisamente esas promesas las que casi acaban con ella y que en realidad no tuvo más remedio que huir.

tumblr_n8z2xnYUim1t9cw58o1_500Dicen que ella se creía que era todo pero no saben que se sentía como si fuese nada.

Dicen que se olvidó de ese nombre que había dibujado millones de veces como la tinta que se difumina hasta desaparecer en un papel mojado. Pero no saben que llevaba esas seis letras tatuadas en el lugar más permanente de todos, en la memoria.

Dicen que las carreras de fondo nunca fueron lo suyo. No saben que lo suyo son las distancias cortas porque cuanto más cerquita mejor.

Que parecía que nada corría por sus venas, que era como una piedra y que sólo daba un amor de invernadero, frágil y fácilmente desvanecedor. No saben que, aunque las piedras tardan en calentarse, cuando lo consiguen, guardan el calor de forma natural mejor que nada.

Dicen que se escapó y nunca se supo nada más. Que ahí se acabó para siempre. Dicen y dicen pero no saben que raro es el día en el que no se acuerda de esos meses y que lo más seguro es que no consiga del todo cerrar ese capítulo para el resto de su vida.

tumblr_n62zkq4bP91qlmppmo1_500Dicen que optó por lo fácil.
Que fue cobarde.
Que mintió.
Y que perjuró.

Dicen esto y lo otro. Dicen pero no saben.

Z

Abrázame

Abrázame como si hiciera mucho tiempo que no me vieras, como si me hubieras echado de menos, como si este momento fuese el que llevas siglos esperando.
Abrázame como si no me quisieras dejar ir, como si solo quisieras estar conmigo, como si nunca quisieras que nos despidiéramos.
Abrázame con todas tus fuerzas, como si la fuerza del abrazo midiese lo que este significa. Abrázame hasta dejarme sin aire, mientras noto tus brazos a mi alrededor. Abrázame hasta que pueda sentir tu respiración.

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Abrázame como si nos estuviéramos despidiendo en mi portal, como después de ese primer beso, como tantos abrazos especiales que me has dado.
Abrázame como si solo estuviéramos nosotros dos en el mundo, como si nadie nos viera, como si nadie nos importase.

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Abrázame como si quisieras consolarme, como si quisieras demostrarme cuánto te importo, como si supieras cuanta falta me hace tu abrazo.
Abrázame como si estuviese prohibido, con ese morbo que da hacer las cosas que no puedes. Abrázame como si nos estuviéramos escondiendo para abrazarnos, como si fuera irracional, estúpido o malo.
Abrázame como si te diera miedo que me separe de ti, como si no quisieras perderme, como si dejar de abrazarme significase no poder estar juntos nunca más.

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Abrázame como si fuera nuestro último abrazo.
Abrázame como quieras, pero por favor, abrázame.

-A.

La lista de agosto

Si eres de los que te fuiste de vacaciones en julio (como yo) y vives en una capital (como yo), sabes que te toca un largo mes de agosto en una ciudad mayoritariamente fantasma. Puede que alguno se escandalice, pero qué queréis que os diga, a mí me chifla. Disfruto andando por la calle sin tener que esquivar a alguien cada dos pasos. Me encanta poder ir a mis sitios favoritos y tener siempre mesa. Aprovecho los ratos libres para ver las exposiciones que no me da tiempo a visitar durante el año. Puedo ir de tiendas sin sufrir los empujones de otras mil clientas más que justo se han enamorado de la falda que yo estoy admirando. A falta de playa, me pongo creativa y busco sitios originales para poder darme un chapuzón. Veo películas al aire libre. Me como todos los helados que me apetecen porque buenoyqué ya pasó el momento bikini. Aquí os dejo mis sitios favoritos para este para que, los que me acompañéis vagando por la ciudad abandonada, los podáis disfrutar.

1) Ya recomendó A en la lista de julio el cine de verano de Conde Duque. Bien pues me toca hablar de su hermano: el cine de verano del Palacio de Cibeles. Id antes y os tomáis un cervecita. Merece la pena.

palacio-cibeles2) Para un buen helado, hay que visitar la heladería La Romana (P. de la Habana 27 y C/ Santa Engracia 155). Y para un batido de los de verdad, la heladería Los Alpes (C/ Arcipreste de Hita 6).

tumblr_mz2xmpEGeF1qlpz8eo1_12803) Mi exposición del mes es la de Henri Cartier-Bresson de la Fundación Mapfre.

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4) Mi canción para andar por un Madrid más que estival es:

5) Mi restaurante a probar es Tartan Roof del Círculo de Bellas Artes (con una copita después, o dos ya que estamos).

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6) Una película distinta, en la que sale un actor genial, Ewan McGregor: The Beginners

7) Mi cita favorita del mes es:

“Los comienzos dan miedo y los finales normalmente son trristes, pero todas las cosas que van entre medias hacen que merezca la pena vivir todo lo demás.”
B. Marley

8) Y mi soneto favorito:

Ir y quedarse, y con quedar partirse,
partir sin alma, y ir con alma ajena,
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;arder como la vela y consumirse,
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo, y ser demonio en pena,
y de serlo jamás arrepentirse;hablar entre las mudas soledades,
pedir prestada sobre fe paciencia,
y lo que es temporal llamar eterno;

creer sospechas y negar verdades,
es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma, y en la vida infierno.

Ir y quedarse, Lope de Vega

 

9) Mi último descubrimiento es este fotógrafo que me tiene loca: Quentin de Briey. Os dejo algunas de mis fotos favoritas.

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10) Un lugar fuera de España: mi último viaje ha sido a Yucatán y Quintana Roo, México. No pude visitar todo lo que quise (ya tengo excusa para volver), pero me quedo con su gente y su humor, su comida y bebida, especialmente los tacos al pastor y las margaritas de tequila Don Julio, y sus paisajes y playas sobrecogedores. Allí los problemas sí que son más chiquitos.

Ahora a disfrutar.

Z.

Otra noche que acaba pronto

Después de mucho tiempo insistiendo (prácticamente desde que nació el blog) en que escribiera algo para el blog, por fin podemos publicar un post escrito por C. ¡Esperamos que os guste tanto como a nosotras!

Otra noche que acaba pronto. Justo hoy tenía ganas de salir hasta un poco más tarde… al menos llego a tiempo de coger el metro. Toca esperar un par de minutos y me entretengo mirando a la gente. De pronto me doy cuenta de lo ruidosa que es esta estación y la cantidad de extranjeros que esperan conmigo a que llegue el tren. Puedo oír a un grupo de franceses en el andén de enfrente hablar entre risas mientras un rezagado se esfuerza por hablar inglés para dar indicaciones a un nórdico que quiere ir a la Sagrada Familia. Por mi izquierda, a lo lejos, oigo una especie de flauta de pan tocando la banda sonora de algún Western, mezclándose con la melodía que me llega por mi derecha del hombre asiático que estaba tocando un instrumento de cuerda con sonidos muy orientales a la entrada de la estación. Esta conglomeración acústica internacional me hace pensar en lo mucho que se viaja hoy en día para conocer culturas con las que en realidad convivimos en el día a día.

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Absorta en mis reflexiones sobre la globalización, me monto en el metro semivacío que acaba de llegar. Es un acto reflejo, mecánico, que permite a mi cuerpo reaccionar a la llegada del metro mientras mi cabeza está en otro planeta. Me saca de mi trance un chico con el que me cruzo al entrar, sale demasiado tarde del metro y las puertas le pillan la mochila. Pero tira de ella con fuerza y la desengancha. La escena me hace soltar una carcajada que contagia a los del banco de enfrente. Entonces me fijo. Una mujer disfrazada de los años veinte y una pareja joven con una bolsa de papel en la que quiero adivinar que llevan un postre para alguna cena con amigos. Las risas llevan a una conversación. Estoy a una distancia que me permite participar, pero como pasajera habitual del transporte público, me limito a desviar la mirada y afinar el oído. Ella actúa en un pequeño espectáculo. Ellos (efectivamente) tienen una cena. La conversación es interrumpida por silencios acompañados de sonrisas y nuevos comentarios que reavivan la conversación brevemente. Por eso mismo decidí no participar, porque una vez que inicias el diálogo en el metro no hay forma de saber cuando se acaba. Uno se resigna a esperar a que llegue la parada que pondrá fin a la conversación, ofreciendo mientras tanto comentarios amables al extraño que se muestra demasiado entusiasmado con hablar con alguien.

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En este caso, llegó la parada de la mujer disfrazada. Mientras se bajaba del metro deshaciéndose en despedidas que la joven pareja respondía amablemente, un chico se monta en el tren. Es alto, moreno, con barba de par de días. La presentación es buena pero bastante genérica. Es cuando se sienta a mi lado que aprecio su perfil. El caballete ligeramente pronunciado y el pelo corto corto, como a mi me gusta. Ya he mencionado que soy usuaria habitual del transporte público, por lo que me conozco todas las triquiñuelas para hacer un repaso de alguien interesante, empezando por el reflejo de la ventana de enfrente. Lástima que la pareja joven me bloquee las vistas. Recurro a mirar hacia el fondo del vagón, hacia el avisador de paradas, hacer que ojeo a la chica de pelo rojo y tatuajes sentada al otro extremo de nuestro banco. Enseguida me doy cuenta de que él también es usuario habitual, Me estoy dando perfecta cuenta de que se está estirando para tratar de ver mejor mi reflejo. Hace uso de su móvil de forma distraída, pero esa estrategia es de principiantes…es tan obvio cuando uno coge el móvil sin realmente necesitarlo…

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Llega la parada de la pareja joven y se bajan del metro deshaciéndose en carantoñas ¡Por fin! ¡Buenas vistas! Pero de nuevo, como observadora experta en distancias cortas, soy consciente de que hay que evitar mirar directamente, si no la presa se espanta y no queremos que pierda el interés. Me cuesta no mirar directamente porque quiero asegurarme de que es tan guapo como me pienso. Demasiadas veces los perfiles me hacen creer que estoy ante un deleite visual para que luego, en el momento de ver el reflejo directo, me pegue un susto de esos que hacen dar respingo. Pero por suerte para mí, éste era un 29 de febrero. De esos que llegan cada cuatro años y una vez que se van, sabes que va a pasar mucho tiempo hasta que llegue el siguiente.

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 Al darme cuenta del buen ejemplar que tengo delante, empiezo a fantasear. Mi parada es la penúltima de la línea y me imagino que el metro, como tantas otras veces, se vacía durante el trayecto. Estando solos, habiendo cruzado miradas de esas que van con chispas (porque eso es lo bueno de los extraños guapos del metro, sabes que no los volverás a ver y te permites ofrecer miradas más intensas), me imagino que desvío la mirada del reflejo de la ventana de enfrente para mirarlo directamente. Se siente observado, y avergonzado y curioso a la vez por la situación, me devuelve la mirada. Estando así, cara a cara, me inclino hacia delante y le doy un beso, suave, en sus labios desconcertados, con el tiempo justo para bajarme del metro sin que él pueda reaccionar. No quiero su número, no quiero su nombre. Ni siquiera quiero el color de sus ojos. Simplemente quiero probar sus labios. Los labios de un extraño guaperas que me cruzo una noche en el metro.

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De nuevo mis fantasías me llevan a otro planeta del que regreso a tiempo de ver al chico bajarse del vagón demasiado pronto. Pero mi sobresalto al salir de mi trance no evita que pueda hacer un buen repaso al único elemento que me faltaba, el final de su espalda o lo más alto de sus piernas. Contenta con el repaso completo me quedo más tranquila, porque los he visto mejores.

-C.